23.2.13


ANTÍGONA

Tal vez prefirieses gritos, súplicas
o -¿quién sabe?- que rasgase
las vestiduras y me deshiciese. Aunque, temible
Creonte, yo poseo la experiencia
de quien no cede, de quien recorre
las sendas de los márgenes y apenas oye
el antiguo saber de la tierra, el único al que vivos
y muertos pertenecen
y nos hierve en las venas sin que sepamos
cómo ni por qué. Puedes, ¡oh, hábil!,
combinar las palabras, confundir
las frases en discursos y experimentos
de gloria... Pero tu gloria no pasará
de un mero nombre, e incluso ese con tantas dudas
debatiéndose;
tu gloria –esa pequeña barca
de pergamino pudriéndose en las playas
jónicas. No eres nada, ¡oh ridículo mensajero
de lo nuevo!, y ninguna máscara aumentará
esa inmensidad de nada, que jamás
conseguirás disimular. Podrás perseguir,
difamar, convencer a otros de que también
lo hagan, pero nunca eludirás el imperturbable
movimiento del gran ciclo, ese
donde los dioses cobran todos los gestos
según el orden del tiempo; lugar
en donde nos movemos: breves,
banales… y tal vez, dispensables.

Victor Oliveira Mateus (Em "Meditações sobre o fim"; Ed. Hariemuj 2012) (Trad. José A. García Caballero)

Imagen: Mary Stillmann, Antigona
Música: Sassetti, Inquietude

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