
EL VERDADERO FINAL DE LA GUERRA
Por la mañana, todos los trenes regresaron
a la estación vacía –tú podías quitarte los zapatos
y caminar a casa descalzo a través de las vías
entre tallos de malvas
con una sensación extraña de ingravidez
y la noción de que los objetos encontrados desde entonces
pesarían más: un silbato, un reloj, una cámara rota.
Afortunadamente, la mayoría de ellos existió, como nosotros,
ligeramente salpicada en el aire. Y la casa entera
fue igualmente construida de telarañas,
el movimiento de un párpado podría derribarla. Momentáneamente,
fuimos suspendidos bajo la respiración templada
del verano, hasta que el niño que seguía mirando
Por la mañana, todos los trenes regresaron
a la estación vacía –tú podías quitarte los zapatos
y caminar a casa descalzo a través de las vías
entre tallos de malvas
con una sensación extraña de ingravidez
y la noción de que los objetos encontrados desde entonces
pesarían más: un silbato, un reloj, una cámara rota.
Afortunadamente, la mayoría de ellos existió, como nosotros,
ligeramente salpicada en el aire. Y la casa entera
fue igualmente construida de telarañas,
el movimiento de un párpado podría derribarla. Momentáneamente,
fuimos suspendidos bajo la respiración templada
del verano, hasta que el niño que seguía mirando
en el sueño, despertó y vio un jardín lleno de plumas.
Tomasz Rózycki, The forgotten keys (Traducción del inglés de José A. García Caballero)
Imagen: "Los pájaros muertos", Picasso
Suena Bob Dylan, "Not dark yet":






































